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menorcasEste año AEGU festeja su 28 aniversario, el viernes 17 de noviembre y
despide el año con una cena. Es nuestro mayor deseo, contar con todos
nuestros socios y amigos de AEGU que deseen acompañarnos para brindar
juntos.

· Viernes 17 de noviembre
· Hora: 21.00
· Lugar: Complejo Punta Cala- Salón Menorca
· Se sorteará un Smart Tv entre los que nos acompañen
· Vestimenta formal

Por reserva y pago de tickets:  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

WhatsApp Image 2017 10 20 at 11.53.06FUNDADOR DE O RESUMO, AMANTE DE LA MÚSICA Y COMIDA GALLEGA.

”LO MÁS IMPORTANTE EN LO QUE A MI VIDA RESPECTA, ES AGRADECER POR LA BENDICIÓN DE MI FAMILIA”.

Cuando me invitaron a escribir mi historia, pensé en mis padres. No encuentro mejor principio.
Don Teodoro y Doña Anuncia llegaron a Uruguay cada uno por su lado a comienzos de los 50`s, cuando todavía resonaban los ecos del Maracaná en un país que no dejaba de asombrar al fútbol mundial. Y fue en un ómnibus donde, este lucense de Diomondi (cerca de Chantada) y esta orensana de Merens (entre Cortegada y Arnoia), se conocieron.
El trabajaba en un bar al que llegó de Galicia por pedido de su tío y ella era empleada doméstica en una casa en Malvín de una familia que la recibió desde que bajó del barco con sus 19 años recién cumplidos.
Formaron una familia, criaron a sus hijos (María Inés, Daniel y Jorge) y trabajaron juntos por 55 años en su negocio, el Restorán La Bolsa en la Ciudad Vieja de Montevideo (hoy a cargo de mi hermano).
En la “Lechería”, como la llamábamos desde niños porque su nombre original era Lechería y Chocolatería La Bolsa, fue donde pasamos buena parte de nuestra vida. Allí convivimos con grandes personalidades uruguayas, desde Wilson Ferreira Aldunate hasta Mario Benedetti. Crecimos como tantos hijos de gallegos cuyo negocio familiar era del rubro gastronómico, corriendo por el salón, compartiendo charlas con los clientes en sus mesas y por supuesto, ayudando con alguna tarea que el “patrón” ordenara.
Pero primero había que estudiar. Así es, estos inmigrantes que apenas habían pasado por la escuela en la aldea, tenían claro lo que querían para sus hijos. Mucho debemos agradecer hoy esa muestra de sabiduría.
Naturalmente, los estudios se combinaron con lavar los vasos y atender la caja o el mostrador. Eso también fue una escuela para nosotros.
El restorán ha sido desde siempre, una referencia familiar y un lugar donde los recuerdos de antiguos almuerzos, han hecho amigos a antiguos comensales en conversaciones que convergen en esa memoria común.
Comencé mi recorrido laboral en un laboratorio farmacéutico, luego una empresa constructora y durante 15 años trabajé en lo que hoy es Prosegur Uruguay. Estando allí terminé mi carrera de Contador Público y el MBA. Fui gerente en Citibank y ahí abracé una nueva orientación vocacional, el asesoramiento financiero. Hoy, luego de haber estado durante años desempeñando esa función en varias entidades financieras internacionales, disfruto junto a mis socios del desarrollo de nuestra consultora BECA Advisors. No me cabe duda que lo aprendido en el restorán también se aplica en este caso, entender y respetar a los clientes.
Mi amigo Celestino Duarte fue quien me invitó a ser parte de esta comunidad increíble que es AEGU. Aquí conocí gente que ha construido el reconocido prestigio empresarial de la colectividad gallega en Uruguay, y a pesar de eso nos sorprenden siempre con su humildad y solidaridad.
Fui Presidente de la Asociación y tuve el gusto de haber sido uno de los fundadores de O Resumo. Hoy, tengo el honor de integrar la Comisión Directiva que preside nuestra querida Cra. Elvira Domínguez, con quien compartimos la visión de que AEGU sea un puente generacional que promueva la vigencia del emprendedor gallego adaptándonos a los nuevos tiempos, y un puente virtual con Galicia acercando sus orillas a este país que acogió a nuestros padres.
AEGU es, a mi juicio, un camino de encuentro; es más que lo que se conoce como networking, porque tiene aquello que podría resumirse con una frase que he escuchado por allí, “hacer negocios entre amigos”. Y en eso, Patricia Arijón ha sido el nexo invalorable, siempre “tejiendo” redes.
También soy docente en la Universidad ORT. Creo en la innovación y la educación como camino a un lugar mejor. Con unos amigos estamos desarrollando una herramienta digital que fomente el ahorro en los niños, CLINKKY. Me gusta la música y obviamente la comida gallega.
Por último, lo más importante en lo que a mi historia respecta es agradecer por la bendición de mi familia. Mis padres, mis hermanos, mis sobrinas, mis hijos y nueras, y mi esposa Gladys. Con ella construimos nuestro hogar, sumando los tuyos, los míos y los nuestros (Ignacio, Marcos, Santiago y María Victoria); y donde a nuestra manera seguimos manteniendo los lazos afectivos con a nosa terra meiga, aunque más no sea cantando O Miudiño, cuando estamos todos juntos.
Gracias.

O Resumo Edición Nº 302 - 20 de Octubre de 2017

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Imagen 1"Es gracias a ellos ...(Esposa e Hijos)... y al ejemplo que recibí de mis padres y hermano que siento que puedo seguir haciendo cosas"...

Mi nombre es Celestino Duarte Ares, hijo de Celestino y de María (Maruja) y hermano menor de José Ramón.
Nací en agosto de 1957 en una aldea que se llama Sande (na aldea de abaixo), en la Parroquia de Carcacía, Consello de Padrón, Provincia de A Coruña. La casa donde nací todavía mantiene sus anchas paredes de piedra intactas, aunque ahora su techo es de hormigón y se utiliza como depósito.
Mi padre era de una aldea cercana llamada Rial do Mato, en Raris, Consello de TEO y mi madre, a pesar de que nació en Cuba ya que sus padres habían emigrado a la isla y volvieron cuando ella era una niña, vivió siempre en Sande.
Las condiciones de vida de la gente del campo en aquella época eran muy difíciles, es así que en el año 1958, cuando todavía no había cumplido un año de edad , mis padres, mi hermano y yo vinimos a Uruguay en un barco llamado Yapeyú, cuando llegamos al puerto de Montevideo nos esperaba una tía quien nos había reclamado y que ya nos había alquilado una pieza en una pensión de la calle Maciel, en la ciudad vieja, allí nos instalamos y al poco tiempo Papá comenzó a trabajar en el restorán Morini, que estaba cerca del Teatro Solís y Mamá armó su tallercito de costura en la misma pensión.
Y allí transcurrió nuestra infancia, entre la escuela Portugal, que estaba a media cuadra de casa, la vereda donde jugábamos a la bolita y al trompo y el campito, al lado del mar, donde jugábamos a la pelota. En aquella época la ciudad vieja estaba llena de emigrantes españoles e italianos y era un barrio tranquilo y de gente trabajadora, donde los vecinos en la tardecita, sacaban sus sillas a la vereda y se ponían a conversar.
Por aquellos años todavía se podía ahorrar algún dinero y mis padres pudieron comprar un bar en la calle Gonzalo Ramírez y Yí (ahora Carlos Quijano), estaba frente al corralón de los camiones de basura y se llamaba “El Tesoro” porque se suponía que por la zona estaba enterrado el tesoro de la familia Masilotti.
Recuerdo a mi padre siempre con su saco blanco y detrás del mostrador donde durante muchos años llegó a trabajar 16 horas por día y, a mi madre pedaleando la máquina de coser con sus agujas prendidas de la solapa, o encorvada sobre su costura con aguja y dedal en su mano. Así pasaron la mayor parte de su vida en Uruguay, los únicos momentos libres eran los domingos, y ese día se reunían con sus amigos, todos gallegos, a jugar a las cartas y comer, generalmente caldo gallego, con papas, grelos, unto y trozos de cerdo (comida que hoy extraño mucho).
Siguiendo su ejemplo de sacrificio, mi hermano hizo su carrera trabajando de noche como guarda en una cachila de CUTCSA, de esas en las que se subía por la plataforma que tenían detrás, elegía el turno de la noche porque al haber poco movimiento podía estudiar en el ómnibus y de día iba a facultad, así se recibió de médico y ahora es un reconocido ginecólogo en la ciudad de Carmelo y sus alrededores.
Yo hice al revés, trabajaba de día en la administración de una empresa constructora y de noche estudiaba en el Instituto de Enseñanza de la Construcción (IEC) de la UTU y me recibí de Técnico Constructor. Cuando se terminó el boom de la construcción, a principios de los años 80, la empresa cerró y comencé a trabajar en la administración de una empresa argentina de transporte de valores que recién se instalaba en Uruguay llamada Juncadella y Musso y, que con los años se transformaría en la española Prosegur, en esa empresa trabajé durante 28 años y con el tiempo, acompañando su crecimiento en Uruguay, ocupé diferentes cargos: Controller, Gerente de Administración y Finanzas, Gerente de Logística y Seguridad y Gerente de Operaciones y Tesorería. Mantengo muy buenos recuerdos de esa empresa que me dio muchas oportunidades y donde aprendí muchas cosas, todavía tengo amigos de esa época con los que nos juntamos periódicamente a comer algún asado y recordar viejos tiempos.
En el año 2009 volví a lo que realmente me gusta, la construcción. Comencé a comprar casas, a reformarlas y luego venderlas o alquilarlas. Paralelamente con un grupo de amigos de AEGU, colaboramos en el armado y puesta en práctica de varios proyectos que están funcionando actualmente: estación de servicio, empresa de servicios financieros, hotelería y más recientemente en un desarrollo inmobiliario.
Me vinculé a AEGU hace muchos años gracias a una sugerencia de mi hermano. Al principio solo concurría a alguna charla o curso y no conocía a mucha gente hasta que Antonio Ríos asume como Presidente y me invita a integrar la Comisión Directiva. Desde ese momento comencé a vincularme con otros socios y a intervenir en todas las actividades que se organizaban, formé parte de varias Comisiones Directivas y en el período 2015-2016 tuve el honor de presidir esta querida institución.
Creo firmemente que AEGU es un generador de oportunidades, solo hay que involucrarse, participar, colaborar, aportar sugerencias, de esa manera es posible vincularse con personas que tienen nuestros mismos objetivos. Esto es particularmente importante para los socios jóvenes que quieran desarrollar un emprendimiento.
Cuando Antonio Ríos era Presidente del Hogar Español de Ancianos también me invitó a formar parte del Consejo Directivo, desde ese momento, hace varios años, integro la Directiva de una institución que por la importancia de la labor que realiza, debe ser apoyada por todos los españoles. Es importante acercarse al Hogar, conocer su realidad y colaborar en la medida de las posibilidades de cada uno.
Estoy felizmente casado desde hace 30 años con Cecilia Montenegro, nieta de un gallego de Cariño, bien al norte de Galicia en la Ría de Ortigueira, ella es Médica Laboratorista e Inmunóloga, tenemos tres hijos: Santiago que es Ingeniero en Computación, Andrés que está preparando su tesis para recibirse también de Ingeniero en Computación, e Isabel que está estudiando Psicología. Es gracias a ellos y al ejemplo que recibí de mis padres y hermano que siento que puedo seguir haciendo cosas. No es posible emprender ningún tipo de proyecto comercial o social si no se tiene, entre otras cosas, el apoyo de la familia y de los amigos, en ese sentido me siento privilegiado al tener el respaldo de las personas que más me importan.
En el futuro, si la biología me lo permite, pretendo seguir colaborando desde el lugar que me asignen, con las dos instituciones que están en un rinconcito de mi corazón: AEGU y el Hogar Español. Desde el punto de vista empresarial y si mis socios así lo deciden, voy a seguir gestionando alguna de las empresas donde más que socios tengo verdaderos amigos, todos pertenecientes a AEGU.
Un abrazo a todos

O Resumo Edición Nº 301 - 14 de Octubre de 2017

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hectoralvSoy hijo de españoles. Mi madre nació en Barres - Castropol, Asturias, sexta hija de un padre muy mayor y una madre que falleció en su parto. La crió una tía ciega que vivía con su marido, ex capitán que había participado en la guerra de Cuba y que moraban en Vegadeo. Cuando la tía falleció, época de muchas dificultades económicas, un hermano que había venido a Uruguay arregló para que ella y una hermana vinieran a este País. Eso aconteció en 1931, es particularmente interesante, leer el pequeño diario de viaje, que redactó desde que salió de su casa y llegó a las Costas del Porongos en Flores. Estuvo en el campo durante tres años, ayudando en un almacén que tenía el hermano, hasta que tomó la decisión de venirse a Montevideo y emplearse como doméstica.
Mi padre, nació en la parroquia de Cabeiro, cerca de Redondela en la Provincia de Pontevedra. Fue un hijo intermedio de los once que tuvieron los abuelos y compartió la enorme pobreza de la familia. En oportunidad del Servicio Militar consiguió, a continuación del mismo, empleo como marinero en la armada Inglesa que operaba en el puerto de Algeciras. Trabajó durante tres años embarcado y en determinado momento cuando empezaban los movimientos militares previos a la Guerra Civil los ingleses le ofrecieron la posibilidad de radicarse en Estados Unidos, pero él prefirió venirse al Uruguay donde estaba afincada una hermana. En Uruguay trabajó en lo que fue el comienzo del Centro Automovilista como lavador de autos y, en determinado momento, ingresó a la Compañía del Gas, donde aprendió el oficio de tornero.
Mis padres se casaron en Montevideo, la vida era austera y sacrificada. Desde el casamiento, mi madre trabajó como portera en un edificio en la Ciudad Vieja y mi padre dividía su tiempo desde las 6 de la mañana hasta las 5 de la tarde en la Compañía del Gas y desde las 18 horas hasta el final de las funciones (siempre después de las 12 de la noche) como acomodador en el Teatro 18 de Julio.
Su objetivo común, desde mi nacimiento fue ayudarme para que tuviese la posibilidad de vivir sin todas las privaciones que sufrieron ellos. Tan es así, que pese a sus menguados ingresos, me pagaron para que hiciera primaria y secundaria en la Escuela y Liceo Elbio Fernández.
Tuve la oportunidad, mediante una beca, de hacer un año de secundaria en Michigan, Estados Unidos.
Cuando regresé, y merced a una presentación del Cr. Enrique Iglesias, me motivé a estudiar Ciencias Económicas. Dadas las condiciones de disponibilidad de la familia el objetivo planteado fue intentar recibirme lo antes posible y eso lo pude cumplir. Estando en 2º de facultad entré a trabajar como administrativo en una empresa recuperadora de aceite, Austral Ltda y luego en una empresa Ítalo argentina Galileo Uruguaya S.A. Esta empresa se dedicaba a la fabricación de medidores eléctricos. En 1972 se vendió la empresa a Westinghose Electric Corporation y trabajé en ella en los dos primeros años de mi profesión. Con un socio y gran amigo, Alejandro Grasso, en 1972 pusimos un estudio profesional que funcionaba en un apartamento que nos cedió su familia en la calle Paysandú y Julio Herrera.
Por casualidad, en el estudio al comienzo tuvimos clientes que actuaban en el sector agropecuario, eso despertó en mí especialmente, un interés importante. Es así que en 1973 un cliente nos ofrece poner ganado a pastoreo en Soriano, cosa que hicimos y que nos dio buen resultado. A partir de eso, nos entusiasmamos y entregamos la cuota inicial de un campo en el departamento de Florida (El Charquito), cuando venció el tiempo y debíamos pagar una segunda cuota de tres, obviamente no teníamos el dinero. Por suerte el vendedor, don Carlos Ottonello, nos dijo “Muchachos: Uds. hicieron un gran negocio, compraron muy bien, los espero a que vendan el campo y me paguen”. Efectivamente, habíamos hecho un gran negocio, pero fundamentalmente esta ayuda de alguien que no nos conocía de nada, permitió que pagáramos ese campo y pudiésemos comprar uno más grande en Durazno (La Campana).
Por otra parte, en 1976 Westinghouse decide irse del Uruguay, y alenté a uno de sus gerentes a que se quedara con la empresa. Hablamos con las autoridades americanas y aceptaron y, como era el compromiso, lo ayudé a desarrollar la empresa. En 1991, en oportunidad de constituirse el Mercosur, vimos que era necesario salir del negocio y logramos que una importante firma internacional Schlumberger la adquiriera y una de las condiciones que impusieron fue que me quedara como gerente general de la unidad Uruguay, cargo que luego se amplió a la región y que mantuve hasta 2003.
Por otra parte, existieron una serie de actividades secundarias, participación en un Molino de harina de Maíz, en canteras de granito, en la actividad inmobiliaria, en la docencia universitaria, entre otras, lo que permitió que cuando mi socio resolvió pasarse a la actividad financiera yo continuara solo en la actividad agropecuaria hasta el día de hoy.
En todos este camino, desde hace 43 años me acompaña y me ayuda mi señora, Beatriz, que además de darme dos hijos, significó la mente ordenada y segura que posibilitó que pudiera hacer actividades muy diversas y dedicar mucho tiempo a ellas.
En el año 1985, se me ofreció, en oportunidad de la instauración del nuevo periodo constitucional, que asumiera la asesoría económica de la Asociación Rural del Uruguay. Durante 14 años actué como asesor y en el 2003 me ofrecieron que participara en la directiva de la misma, ocupando un cargo hasta el presente.
He sido fundador del grupo CREA Casupá. He tenido la oportunidad de visitar todo el País dando charlas vinculadas al sector.
Un amigo, Rodolfo Ceriani, me acercó a AEGU y grande fue mi sorpresa cuando el presidente de la misma, don Antonio Ríos, me recibió con los brazos abiertos y con la amabilidad propia de un gallego me integró inmediatamente al funcionamiento de la misma. La oportunidad de ocupar la Presidencia de AEGU, fue una distinción que mucho agradezco y que me sirvió para aquilatar la existencia de valores difíciles de encontrar en la vida.
Otro amigo, el Dr. José Luis Peña, me acercó al Hogar Español, donde participé durante tres años y pude ver las dificultades que enfrenta una institución como esa cuya importancia, muchas veces, se desconoce. El Hogar debe ser protegido y todos los vinculados con España debemos colaborar para ello.

Este año cumplo 70 años, la vida no me fue ingrata y me dio oportunidades que mucho agradezco. Todo lo poco que hice, ha sido fruto de haber encontrado personas que en momentos claves me ayudaron a salir adelante. AEGU es una institución que, a partir de sus raíces, otorga oportunidades a sus socios y allegados. No lo debemos perder y, los que ya tenemos el camino recorrido, debemos canalizarlo para que las nuevas generaciones encuentren en ella el acceso a oportunidades y amistades sanas.

O Resumo Edición Nº 299 - 29 de Setiembre de 2017